El arte de conducir bajo la lluvia.


La historia de un perro que ha podido acercarse tanto a la condición humana que se siente preparado para ser uno de ellos en su próxima vida.

 El arte de conducir bajo la lluvia.

Editorial Suma de letras.

En la víspera de su muerte, Enzo, el perro de Denny, hace balance de su vida y rememora todo por lo que han pasado él y su familia: la pasión de Denny por su profesión como piloto de carreras; la muerte de Eve, su esposa; la despiadada batalla legal por la custodia de su hija, Zoë. Enzo considera que, a lo largo de su vida, ha podido acercarse tanto al alma humana que está preparado para reencarnarse en la próxima oportunidad como un ser humano.

 

¿Por qué te lo recomendamos?

 -     Porque después de esta lectura nunca volverás a mirar a un perro, o a cualquier otro animal, de la misma manera.
-     Porque la novela ha sido comparada a Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, y El alquimista, de Paulo Coelho.
-    Porque es una lectura amena y una historia original, narrada por un perro, que resulta una meditación sobre la humildad y la esperanza frente a la desesperación.

 

 La historia de un perro que está preparado para volver a la vida en forma humana porque ha aprendido casi todas las lecciones sobre el amor.



"Una vez vi un documental. Era sobre perros en Mongolia. Decía que los perros, los perros que están preparados para dejar atrás su condición de tales, se reencarnan como humanos. Estoy preparado".

Lo cuenta Enzo, el perro de Denny, el narrador de "El arte de conducir bajo la lluvia".


Enzo ha vivido con Denny desde que era un cachorro. Denny lo eligió en una perrera entre la camada de crías enganchadas a las tetas de la madre; fue un amor a primera vista. Mutuo. Desde entonces, Enzo ha sido testigo directo de la vida de Denny, su pasión por las carreras, sus altibajos profesionales, su amor por Eve, su esposa, y por Zöe, su hija. Cuando la salud de Enzo empieza a resentirse y su vida se va aproximando a su fin, aún puede compartir con Denny el dolor de la enfermedad de Eve, su muerte, y la dura batalla legal con sus suegros, para mantener la custodia de su hija.

Todo ello desde la mirada de un perro que observa, aprende y se acerca tanto a la condición humana que sabe que ya está preparado para ser uno de ellos; pero esto no será hasta que atraviese la puerta de la muerte, ese viaje de transición.

 

El gran plan.

 Cuando nace la pequeña Zöe, Enzo siente que su responsabilidad va a ser cuidarla, protegerla, y así lo hará, aun si tuviera que hacerlo a riesgo de su propia vida. Pero ya por entonces Enzo tiene sus propios planes. Protegerá a la pequeña Zöe mientras le necesite, pero luego se irá. No se escapará de casa como un perro desagradecido, simplemente se irá de esta vida para volver convertido en un ser humano.

"Les echaré de menos, a él y a la pequeña Zöe, y sé que ellos me extrañarán. Pero no puedo permitir que el sentimentalismo empañe mi gran plan. Cuando se cumpla, Denny será libre para vivir su vida y yo regresaré a la tierra bajo una nueva forma, como hombre, y lo encontraré y le estrecharé la mano y le haré saber cuánto talento tiene, y después le guiñaré un ojo y le diré: "Enzo te manda saludos", y me volveré y me alejaré deprisa y él preguntará: "¿Te conozco? ¿Nos hemos visto antes?".

Enzo ya le está dando forma a su nuevo futuro en su último tramo de vida, cuando ya las fuerzas han empezado a abandonarle. Puede visualizar su futuro mientras su dueño y amigo limpia el suelo de las heces que ya el perro no puede controlar. Puede ver ante sí la escena que tendrá lugar seis años más tarde. Y así es como acaba el relato de Garth Stein, con el encuentro del piloto famoso y el niño de cinco años que reconoce en él a su héroe.

"El arte de conducir bajo la lluvia". Es una historia conmovedora de amor, amor humano, amor animal, Amor con mayúsculas. Una historia de superación y triunfo sobre la adversidad. Una historia inusual que escapa del antropocentrismo habitual para hacernos sentir la conexión con otras especies, en especial con los perros. Un relato que transforma nuestra mirada no sólo a la hora de relacionarnos con el mejor amigo del reino animal (a quien, a partir de esta lectura veremos de una forma mucho más cercana, sin lugar a dudas), sino también en el momento de abordar nuestras propias dificultades cotidianas.

 

Quería participar, no sólo observar.

 Enzo comparte con su amo y amigo la pasión por las carreras, las ha visto decenas de veces en los circuitos reales y miles de veces en las imágenes televisadas. Se ha sentado a observarlas con él, a estudiarlas. A través de las carreras no sólo ha aprendido el arte y la técnica y los secretos y la pasión de conducir un Fórmula Uno sino el mismísimo arte de vivir. La actitud que hace de la vida un arte y te permite crecer, tanto que ya nunca más va a volver a ser un perro.

Enzo lo tiene claro hace tiempo, pero especialmente ese último invierno. Quizás fueran sus problemas de salud, o tal vez que ya estaba harto de ser un perro; ya había tenido bastante de esta experiencia. "Anhelaba desprenderme de este cuerpo, librarme de él. Me pasaba mis tristes y solitarios días contemplando a las personas que circulaban por la calle, espectáculo que veía por la ventana. ¡Cuánto ansiaba hablar a esas personas! ¡Cuánto ansiaba participar en sus vidas! Quería participar, no sólo observar. Quería comprometerme con el mundo que me rodea, no ser sólo un amigo que brinda compañía".

Aun así, Enzo espera. Ha acompañado a Denny en su proyecto de vida y en sus sueños, los ha visto cómo se hacían realidad, las dificultades y conquistas; tan cerca de su amo que ha aprendido casi tanto como el propio Denny de sus éxitos y fracasos. Le ha visto enamorarse, ha superado los celos de compartir su hogar con Eve, un ser con cuerpo de mujer que puede relacionarse con Denny como Enzo nunca lo hará. Ha aprendido a compartir su amor, el amor de Denny, y ha visto cómo, compartiendo el suyo propio, su amor no se hacía más pequeño sino más grande; ha visto como su corazón se agrandaba para amar a Denny y a Eve y luego a Zöe. Ha acompañado a Eve durante su enfermedad (ha olido la enfermedad antes que la propia Eve, y mucho antes que Denny) y también durante su muerte. Enzo ahora sabe de amor y de pérdida. Pero aún le queda algo por hacer, algo por aprender. Está seguro. Por eso aún no es su momento.

Y Enzo sigue aprendiendo. Sabe que Ayrton Senna, el gran piloto brasileño, de 34 años, murió cuando murió porque su cuerpo ya había cumplido su propósito. Su alma hizo lo que vino a hacer, aprendió lo que debía aprender, así que estaba en libertad de marcharse. Y ahora Enzo, que acaba de ser atropellado por un coche, sabe que aún no es su momento. Si ya hubiese cumplido su misión en la tierra habría bajado de la acera un segundo más tarde y el coche le habría dado de lleno y le habría matado instantáneamente. Pero no le mató, porque aún le quedaba trabajo por hacer. No sabe qué en este momento, pero está claro que algo le queda por hacer.

Y con esa certeza acepta los fuertes dolores que le quedan tras el accidente y los disimula para que su amo no se gaste un dinero que no tiene tras la ruina a la que le ha llevado su lucha por la custodia de su hija -mientras escucha los comentarios admirativos de la gente sobre la extraordinaria capacidad de curación y adaptación de los animales.

Enzo entiende que su misión es acompañar a Denny en la pesadilla de la lucha por la custodia de su hija, contra sus propios suegros, pero aún es peor cuando lo ve enfrentarse a una falsa acusación de estupro que puede costarle definitivamente la tutela de su hija. Cuando Denny ya está completamente arruinado y a punto de darse por vencido, tan sólo la intromisión de Enzo impedirá que firme su renuncia. Y a partir de entonces es cuando Denny empieza a retomar el control de su vida. Y cuando Enzo ya sabe que puede marcharse a realizar su gran plan.

 

¿Derroché mi condición de perro?

 Y mientras se va, se pregunta: ¿Derroché mi condición de perro? ¿Desperdicié mi naturaleza para obedecer mis deseos? ¿Cometí un error, desdeñando el presente por anticipar el futuro? Quizás sí. Un incómodo arrepentimiento de lecho de muerte.

Y sin embargo, no lo hizo del todo mal. Ni mucho menos. De hecho, tiene la impresión de que ha pasado con buena nota todas sus asignaturas y no se lleva ninguna pendiente.

"Reúno fuerzas y emprendo la marcha, y me gusta hacerlo. Es como si no tuviera edad, como si estuviese fuera del tiempo. Tomo velocidad. Corro".

 Unos años más tarde, en la cima de su carrera, Denny conoce a un niño de 5 años que le sigue los pasos desde que, aún sin saber caminar, ya había aprendido a interpretar las imágenes de la tele, especialmente las carreras de Fórmula Uno en televisión. Se llama Enzo.

 

El autor:

Garth Stein es productor y director de documentales, muchos de ellos premiados. También es autor de novelas y obras de teatro. Actualmente vive en Seattle con su familia y su perro, Comet.

 

 


 
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