Maestros y maestras de la autoayuda: Paulo Coelho.
¿Estamos en la era de la autoayuda? Una cosa es cierta, y es que probablemente nunca antes habíamos contado con tal cantidad de oferta de productos para el crecimiento personal y la búsqueda de la felicidad (libros, música, audio-vídeos, CD-ROMs) y esto, como mínimo, resulta significativo de que algo está pasando. Por una parte, se podría pensar que si esto funcionara, actualmente viviríamos en la sociedad más feliz y centrada del mundo, y evidentemente esto no es así. Cuando escribo estas líneas acaban de desarticular una red de pederastia en internet que comercializaba violaciones de bebés y criaturas de hasta 5 años. Y una chica de 16 años se tira de un puente y se quita la vida supuestamente porque ya no podía soportar más el acoso y las agresiones de otras compañeras en el instituto. Las guerras siguen a la orden del día, el índice de suicidios se mantiene, si no sube, y continúan apareciendo nuevas enfermedades producidas por el estrés y la forma (las malas formas) de vida.
Quizás planteamos mal la ecuación en un principio. Quizás se trate de este estado de las cosas el que produce una oferta de productos de autoayuda que tienen cabida en el mercado debido a la situación de desesperación que vive un gran número de personas. Por otra parte, si hay algo que comparte este amplio abanico de ofertas, gurus y escuelas de la felicidad es un nuevo planteamiento responsabilizador de la propia existencia. "Asume la responsabilidad de tu vida", se puede leer en cualquiera de sus formas.
El hecho es que, tradicionalmente, hemos buscado la ayuda fuera: ante un conflicto con nuestra pareja o en el trabajo hemos acudido a que nos resuelva la vida un abogado; si nos duele el estómago corremos al médico y ante los sentimientos de culpa que no nos dejan dormir, hemos recurrido al confesor o al terapeuta. En los últimos tiempos, sin embargo, se tiende a cambiar el enfoque y se recuerda a Sócrates ("Conócete a ti mismo") y a Buda ("La sabiduría está en ti"). Aparecen perspectivas diversas, escuelas diversas y gurus de la felicidad con nombres variados, pero todos estos maestros y maestras nos recuerdan que la responsabilidad del cambio y de vivir mejor o peor, de nuestra vida desgraciada o satisfactoria, no reside en nadie más que en la propia persona.
Quizás por eso (y por la urgencia imperiosa de hacer algo para superar el estado de ansiedad y frustración constante en el que nos sume un estilo de vida excesivamente competitivo y consumista, marcado por el supuesto derecho al confort y el culto al éxito y la fama) el mercado de la autoayuda tiene y seguirá teniendo tanta aceptación en nuestra sociedad del desarrollo.
En medio de este abanico de propuestas surgen gurus de la autoayuda como Deepak Chopra, que ofrece la perfecta combinación de la moderna física cuántica y la milenaria tradición ayurveda para demostrarnos que la realidad no es lo que parece y que nuestra percepción e interpretación equivocadas podrían estar complicándonos la vida; Paulo Coelho, que nos recuerda que los sueños podrían estar señalándonos el sentido de nuestra vida; Walter Riso, alentándonos a la autonomía personal y a aprender a amarnos a nosotros mismos para poder amar la vida y a aquellos que nos rodean, o Jorge Bucay, quien nos invita a vivir a propia vida sólo desde el reconocimiento de quiénes somos y desde la aceptación y el amor hacia nosotros mismos.
¿Tan poco nos queremos a nosotros mismos, en esta civilización tan supuestamente marcada por el egoísmo salvaje, que se nos tiene que recordar tanto y de tantas maneras? ¿En qué consiste este "amor propio"?
Abramos la puerta por unos minutos a estos gurus del milenio y enterémonos.
PAULO COELHO.
Considerado uno de los autores de autoayuda más influyentes en la actualidad, prácticamente todos sus libros han dado la vuelta al mundo, llegando a más de 150 países. Se han traducido a 56 idiomas, y la cifra sigue sumando. Tan sólo "El alquimista" (1988) sobrepasó en España la venta de más de 10 millones de ejemplares en sus primeros 10 años y 50 reediciones. Y la carrera sigue imparable.
Se calcula que en la actualidad se han vendido en el mundo más de 43 millones de ejemplares de toda su obra.
Y sin embargo, la vida de este maestro contemporáneo no siempre ha sido tan fácil ni ha estado tan clara y definida.
Rebelde con causa.
Nacido en Río de Janeiro (Brasil), en 1947, en el seno de una familia de clase media, Paulo no tarda mucho en rebelarse contra las imposiciones religiosas del colegio de jesuitas al que asiste, la mediocridad del sistema de valores en el que se halla inmerso y, sobre todo, las exigencias familiares para que acabe convertido en un ingeniero. A Paulo le tira escribir (ya en la escuela ha coleccionado varios premios de redacción, incluido el que se ganó su hermana Sonia con un texto que él había tirado a la basura) y, cómo no, leer. Lecturas como el trópico de Cáncer de Henry Miller, que echan leña al fuego de su pasión por vivir su propia vida y descubrir el mundo a su manera. Ésta es una rebeldía que su padre interpreta como enfermedad mental, haciendo que a los 17 años fuera internado en un psiquiátrico (dos veces) para ser sometido en repetidas ocasiones a sesiones de electroshock.
Pero no sería esa la única experiencia traumática de su vida. En plena dictadura brasileña, sufrió cárcel y tortura a lo largo de una semana. La búsqueda continúa en la facultad de Derecho (carrera que no concluye), mientras se dedica al teatro, al periodismo (underground) y a la composición de letras de canciones rock. En medio de tantas actividades alternativas, opuestas al régimen político, y oficios de mala muerte (como es considerado el teatro por su familia) su padre vuelve a internarle en un psiquiátrico, costumbre a la que sólo pone fin cuando un senador, haciendo uso de lecturas del propio Coelho en medio de una sesión plenaria, consigue que se prohíba en el país las internaciones hospitalarias arbitrarias.
La vida de Coelho es un ejercicio constante de búsqueda, pasando por la lucha política e ideológica, las comunas hippies, el sexo (homosexualidad incluida), las drogas y, cómo no, el camino espiritual.
Es después de realizar el camino de Santiago cuando escribe su primer libro, El peregrino de Compostela. Diario de un mago (1987). Un año después publica El alquimista, del que sólo se venderían 900 ejemplares en su primera edición y la editorial decide no seguir con la publicación. Coelho no se da por vencido y consigue otra editorial para el libro, que acabaría en las listas de bestsellers de más de 150 países.
Su filosofía:
Escribir, para Coelho, forma parte de su búsqueda personal, y puede que éste sea el secreto de su éxito: "Mi intención en cada libro es descubrirme a mí mismo, de forma sencilla y cercana, para que mi alma conecte con otras almas".
Mensajes que se repiten en sus libros:
Persigue tu sueño, cumple tu misión personal.
El universo conspira contigo para la realización de tu misión.
No hay ganancia sin esfuerzo, lucha hasta el final.
Decide. No puedes tomar decisiones claras y correctas si no vives el presente.
Supérate. Cuando buscamos ser mejores, todo a nuestro alrededor mejora también.
Sus libros:
El peregrino de Compostela (1987).
El alquimista (1988).
La quinta montaña (1997).
Manual del guerrero de la luz (1998).
Verónica decide morir (2000).
El demonio y la señorita Prym (2001).
El zahir (2005).
Otras: Brida, Maktub, Once minutos, La quinta montaña, A orillas del río Piedra me senté y lloré.
Cosas que nunca nos dijo:
En realidad Paulo Coelho nos lo ha contado casi todo sobre él. "No he querido esperar a morir para que los biógrafos contaran de mí lo que yo he ocultado en mi vida. Ahora todo el mundo sabe lo que he sido, de carne y hueso como todos. Así me siento más en paz".
De su paso por el psiquiátrico recuerda la tentación de quedarse ahí, elegir quedarse "instalado en la locura y vivir tranquilamente sin trabajar". Pero sobre todo le sacaría partido a la experiencia posteriormente, cuando un grupo paramilitar lo secuestró y torturó y sólo pudo salvarse haciendo ver que era un loco con un historial psiquiátrico tras de sí. Durante el tiempo de secuestro, se autolesionaba continuamente, actuaba de una manera absurda y les contaba su paso reiterado por el manicomio, hasta convencerles de que no era un militante político peligroso sino, simplemente, un pobre loco.